Mi tercera tesis doctoral dirigida: cuando investigar también es una forma de cuidar
Hay días universitarios que se olvidan pronto. Y hay otros que dejan poso.
Hace unos días tuve la enorme suerte de vivir uno de esos momentos especiales: la defensa de la tesis doctoral de Ana Hernández Gándara. Mi tercera tesis doctoral dirigida. Lo escribo y todavía me cuesta creerlo. Porque detrás de esa frase tan académica hay años de trabajo, conversaciones, dudas, lecturas, reuniones, correos electrónicos, decisiones metodológicas, cambios de rumbo y mucha vida sucediendo mientras tanto.
La tesis se centra en un tema que me resulta especialmente significativo: el papel de la Expresión Corporal en un contexto distinto al habitual para mi, la formación actoral, concretamente en el Grado en Interpretación Textual de las Enseñanzas Artísticas Superiores de Arte Dramático en España. Que ese contexto sea distinto, gracias a la doble formación de Ana en CCAFYDE y la RESAD, no ha hecho más que abrir mi mente para desfragmentar la disciplina de la Expresión Corporal. Puro aprendizaje para volver a mirarla desde la Educación Física, la motricidad y la salud.
Ana ha realizado un trabajo muy riguroso y necesario. No lo digo yo lo dice su tribunal con una propuesta unánime Cum Laude y propuesta a Premio Extraordinario.
Ana ha analizado normativa, planes de estudio, guías docentes y ha entrevistado a profesorado de distintos centros para ofrecer una fotografía, modo zoom, de cómo se está enseñando actualmente la Expresión Corporal en estos estudios. Y esa fotografía muestra algo que quienes llevamos tiempo en la disciplina intuíamos: existe una gran diversidad de enfoques, denominaciones, contenidos y formas de entender la materia, aunque también aparecen importantes puntos comunes que reconocen a la Expresión Corporal como un componente fundamental en la construcción de la persona.
Me alegra especialmente que esta investigación contribuya a seguir dando visibilidad y fundamento académico a una disciplina que, en ocasiones, ha tenido que justificar demasiado su presencia en los currículos.
Porque la Expresión Corporal necesita investigación.
Necesita ser observada, analizada, cuestionada y repensada.
Necesita crecer.
Durante la defensa compartí una reflexión que llevaba tiempo rondándome y que sintetiza bastante bien cómo entiendo esta tesis.
Dije que la Expresión Corporal necesita que investiguemos sobre ella para que crezca con sentido, como lo haría un olmo bien cuidado, con el sustrato adecuado y la luz necesaria para desarrollarse y generar significado. Y creo sinceramente que esta tesis aporta precisamente eso: rigor metodológico, sensibilidad pedagógica y una mirada capaz de tender puentes entre la práctica artística, la reflexión educativa y el desarrollo curricular.
Me gusta especialmente que en este trabajo convivan dos perspectivas aparentemente opuestas. Por un lado, una mirada panorámica, casi de pájaro, capaz de observar el conjunto del sistema. Por otro, la atención cuidadosa a los detalles, a los matices y a los pequeños recovecos donde muchas veces se esconden las preguntas importantes.
Pero si algo me recordó esta defensa es que la universidad no avanza solo gracias a las investigaciones.
Avanza gracias a las personas.
Y la educación superior necesita personas como Ana. Docentes e investigadoras capaces de mirar la Expresión Corporal desde una perspectiva amplia, abierta y transdisciplinar. Personas que combinan conocimiento con sensibilidad.
Últimamente pienso en palabras como bondad, amabilidad, afecto y ternura. La filósofa Sara Torres habla de la ternura de una manera que me resulta sugerente: como una forma de vincularnos para construir algo bueno en común. Quizá la investigación también tenga algo de eso. Frente a la imagen aislada de quien investiga en solitario, la realidad suele estar llena de redes, colaboraciones, conversaciones y afectos.
Nadie llega a una tesis doctoral completamente solo.
Y eso me lleva a otra reflexión que compartí durante el acto: para los viajes importantes siempre conviene buscar la mejor compañía.
La tesis tiene una autora. Sin duda.
Pero alrededor de ella existe una comunidad.
Está la familia que sostuvo desde hace años la semilla de quien hoy es investigadora. Están las amistades que acompañan incluso cuando no terminan de entender qué significa exactamente hacer una tesis doctoral. Está la pareja, que comparte la vida con alguien que durante años tiene una parte de la cabeza permanentemente ocupada por preguntas de investigación, plazos y documentos abiertos.
Y está también Olmo.
No pude evitar mencionarlo.
Tengo la sensación de que la maternidad otorgó a Ana una energía especial para afrontar la recta final de este proceso. Una capacidad de enfoque y una fuerza difícil de explicar que le permitieron seguir avanzando cuando el final exigía una inmersión profunda.
También estamos quienes acompañamos desde otros lugares.
Galo Sánchez, su otro director.
Daniel Caballero y otras personas de AFYEC (Asociación: Actividad Física y Expresión Corporal)
Y yo misma.
En mi caso, esta tesis me ha dejado además un aprendizaje personal importante. He comprobado que sí es posible dirigir una tesis a una persona que antes era amiga que doctoranda. Que la exigencia académica y el afecto pueden convivir cuando existe respeto mutuo y un propósito compartido.
Por eso quiero agradecer públicamente a mi compañero Galo Sánchez haber formado conmigo un equipo basado en esos valores humanos que considero irrenunciables, como dice el Seleccionar Español del equipo masculino de fútbol, que nos ha llevado a ser Campeones del mundo una semana antes de la defensa de esta tesis; pues dice Luis de la Fuente que, partiendo de la eficiencia necesario, “en un equipo los valores humanos deben ser innegociables”.
Y quiero felicitar a Ana.
Por la tesis, sí.
Pero también por todo lo que no aparece escrito en ella.
Por sostener la incertidumbre.
Por atravesar momentos de niebla.
Por celebrar los descubrimientos.
Por seguir cuando resultaba difícil.
Y por contribuir, con su trabajo, a que la Expresión Corporal siga creciendo.
Mi tercera tesis doctoral dirigida ya forma parte de mi historia académica.
Y tengo la impresión de que, igual que ocurre con los buenos viajes, lo más valioso no ha sido llegar al destino.
Ha sido recorrer el camino acompañada.
Enhorabuena, doctora Ana H. Gándara. Y gracias por permitirnos caminar un tramo junto a ti, amiga ❤️
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